martes, 17 de marzo de 2015

Los últimos días de nuestros padres

La vida, señor, la vida es sin duda la mayor catástrofe que se haya concebido”

Tras el éxito cosechado con La verdad sobre el caso Harry Quebert, Joël Dicker nos deleita ahora con una novela histórica ambientada en la II Guerra Mundial: Los últimos días de nuestros padres que, a pesar de haber sido publicada más tarde, es la verdadera primera novela del jovencísimo escritor suizo. Entre sus diversos reconocimientos, hay que destacar el Premio de los Escritores Ginebrinos, con el que fue galardonado en 2010.






Paul-Emile, Palo, es un joven francés que un día de 1940 es reclutado por el ejército británico para formar parte del SOE (Special Operation Executive), ideado por el primer ministro Winston Churchill con el objetivo de reclutar y entrenar a extranjeros de la Europa ocupada por la Alemania nazi con el fin de trabajar como agentes secretos contra las Potencias del Eje. Casi sin darse cuenta, Palo se encuentra en un lugar inhóspito, frío y húmedo rodeado de personas a las que no conoce, personas que, a partir de ese momento, marcarán el devenir de su vida.






La novela se divide en cuatro partes donde el protagonismo de unos y otros hace que vayamos conociendo el interior de los personajes de manera escalonada. En un primer momento, Dicker nos sumerge en el reclutamiento y entrenamiento de los futuros agentes secretos del SOE, empezando por un retrato rico y fino de Palo. Poco a poco, la estructura de la novela se va llenando de nuevos personajes que enriquecen la narración y que no se limitan a una visión unilateral de la guerra.

Pasan los días y, bajo las agotadoras jornadas de entrenamiento, no hay sólo tiempo para el ejercicio mental y físico, sino también para el amor, una válvula de escape que hace los días menos insoportables. Podría decirse que en ese sentido, Laura le salva la vida.

Es durante esos días de entrenamiento cuando el título de la novela cobra un especial sentido. En medio de un clima de tensión y evaluación constante son pocos los momentos en los que se puede reflexionar con claridad sobre uno mismo y sobre la situación en la que se encuentran, pero pronto se dan cuenta de que están inmersos en algo más grande de lo que hubieran podido imaginar y que, tal vez, no vuelvan a ver a su familia.








A medida que avanzan los capítulos, Dicker va dejando preguntas en el aire a las que el propio discurrir de los acontecimientos va dando respuesta, cerrando así el círculo de la historia. Tanto es así que hacia la mitad de la narración se introduce un testimonio esencial para dotar de tridimensionalidad a la narración: Kunszer es un oficial alemán cuya misión es descubrir quién forma parte del SOE.

Destacan los pequeños detalles que añaden a las relaciones personales un plus de humanidad, como es la puerta siempre abierta de la casa de Palo, no sea que vuelva y no pueda entrar. Este matiz funciona como un recurso tremendamente simbólico que hila, a modo de historia paralela, la multitud de pequeños apuntes que se entremezclan con fotografías de la vida del padre de Palo durante su ausencia.

La novela está llena de un simbolismo mágico que pretende elevar la condición humana. Hay una alusión constante a los Hombres, se supone que son los soldados que intentan defender a su país, aunque me inclino a pensar que se trata de un término bastante más abierto y ambiguo carente de todo significado bélico. Estos Hombres pueden representar la lealtad, la honestidad y la valentía incluso en momentos en los que la supervivencia está por encima de todo. Se trata de un retrato crudo de la humanidad en tiempos de guerra, de la soledad que invade los corazones de quienes no saben en quién confiar, del miedo constante a vivir al límite y siempre en peligro. Es un retrato de quien quiere protegerse haciéndose prácticamente invisible a fuerza de callarse y no sublevarse.






El ritmo de la narración es tremendamente ágil, sobre todo en los momentos de mayor tensión, cuando se produce un sabotaje o un atentado. La fórmula empleada para mostrar los diferentes puntos de vista en los distintos escenarios estratégicos a base de pequeños párrafos que enseguida cambian de perspectiva hace que vayan apareciendo ante nosotros las imágenes tal y como lo harían en una película; podría decirse que hasta resulta fácil conformar los planos de la acción.

Para finalizar, me gustaría hacer un apunte acerca de un episodio que se relata muy al principio de la novela. Gordo, uno de los personajes más carismáticos, se gana la confianza de un zorro y le da nombre, lo que hace que los demás piensen que lo domestica...¿a qué famosísimo libro os recuerda eso?